Quienes somos La Congregación de la Misión, Padres Vicentinos es una sociedad de vida apostólica fundada en París por San Vicente de Paúl el 17 de abril de 1625. La Congregación la componen sacerdotes y hermanos que procuran con todas su fuerzas revestirse del Espíritu del mismo Cristo, se dedican a evangelizar a los pobres, sobre todo a los más abandonados y ayudan en su formación a clérigos y laicos llevándolos a una participación más plena en la evangelización de los pobres. El origen de la Congregación es inseparable de la vocación personal de Vicente de Paúl. En enero de 1617 Vicente de Paúl se encontraba en Gannes, Francia, donde fue llamado a confesar un moribundo. Este manifestó públicamente que si no hubiera hecho aquélla confesión, se habría condenado irremisiblemente, pues llevaba muchos años callando por vergüenza en sus confesiones, pecados muy graves. A la semana siguiente Vicente predicaría en Folleville un sermón sobre la confesión general. La fecha escogida fue el miércoles 25 de enero y el éxito fue total. Vicente de Paúl consideraría más tarde esta fecha como el nacimiento de la Congregación de la Misión. En realidad aquel día no fundó nada, pero la experiencia vivida marcó para siempre a Vicente, siendo ésta la base de su vocación personal: La evangelización de lo pobres y, en concreto, de los pobres campesinos, mediante las misiones. Hay que añadir otras experiencias que enriquecieron y encaminaron la intuición original. La primera de ellas fue la falta de preparación de los sacerdotes de su tiempo que ni la formula de la absolución sabían, abriendo en la vida de Vicente la visión de la formación adecuada del clero. Nuestra Espiritualidad Guiados por nuestro Padre Vicente, en su experiencia, como en su acción, los vicentinos de hoy estamos llamados a estar abiertos a los designios de Dios, sin jamás pretender adelantarnos a la Providencia. El mundo y toda su compleja realidad es el lugar de la presencia y de la acción divina. Por lo tanto, estamos llamados a ser buscadores ejemplares de Dios, especialmente en el servicio al pobre, que para Vicente representó, el modo más dramático, pero a la vez, el punto por excelencia del encuentro con Dios. Lo concreto y real, lo crudo y simple, fueron las situaciones precisas que marcaron el ritmo de la acción y de la vida espiritual de Vicente de Paúl. Allí también, los vicentinos, encontramos la fuerza que nos capacita para que todo sea dado a Dios para el servicio de los pobres. El espíritu vicentino, entonces, es el mismo espíritu de Cristo enviado a predicar la Buena Noticia a los pobres, como se prueba en las máximas evangélicas que son explicadas en nuestras reglas comunes concretadas particularmente en amor y reverencia al Padre, amor compasivo y efectivo hacia el pobre, docilidad a la Providencia, sencillez, humildad, mansedumbre, mortificación, celo por las almas. En pocas palabras: Jesucristo es la regla de la misión y el centro de su vida y actividad. Nuestra Misión Los misioneros vicentinos de Colombia nos comprometemos con la tarea de la nueva evangelización, consagrándonos al servicio misionero de los pobres, primordialmente de los campesinos y a la formación de clérigos y laicos para la misión, a imitación de Jesucristo Evangelizador de los Pobres.
